viernes, 12 de noviembre de 2010

Ecos


















Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que me hicieron esa pregunta. Durante una época era casi cada día. Tenía que encontrarme con distintos interlocutores y darles una y otra vez la misma explicación.
"Si eres médico, ¿por qué quieres ser controlador aéreo?”
Ésa era la pregunta. Algunos incluso como subtítulo, añadían:
“Porque se supone que los médicos tenéis una vocación ¿no?”

Al principio me preocupaba por intentar hacer entender que para mí la Medicina no lo es todo y que a un médico bien puede gustarle, incluso apasionarle otras cosas, más incluso que su profesión. Pero no, creo que no llegué a convencer a nadie. Al final, opté por la respuesta más convincente, que no la más sincera: “Porque trabajaré menos y ganaré mucho más dinero”. Me resulta curioso que esto de la vocación, se aplique sólo a la clase médica. ¿No se imaginan un albañil exultante de felicidad, porque ha hecho una mezcla de cemento prodigiosa? ¿Qué llegue a casa contando atropelladamente, embargado por el éxtasis, cómo fue capaz de poner unos azulejos preciosos, perfectamente paralelos uno a otro? ¿O ese carpintero con los ojos empapados de lágrimas de emoción por haber hecho una mesa de noche preciosa? ¿Por qué la vocación es sólo médica? ¿No se puede ser un excelente profesional y no tener vocación? ¿Y tener vocación y no ser buen profesional?

Ese concepto arraigado en la sociedad de la vocación médica, creo que se ha convertido en un lastre en muchos momentos, incluso en un mito. Porque aunque estés motivado y disfrutes con lo que haces, de vocación no se puede vivir, ni pagar la hipoteca, ni compensar esas guardias terribles, en las que poder descansar unas horas es un lujo y comer de un tirón, desde el primer plato hasta el café, un imposible.

Esa maldita supuesta vocación es la que ha permitido que los recién licenciados, que en otras carreras ya serían honorables arquitectos, ingenieros, de estudios concluídos y remuneración adecuada, en el caso de los médicos, no contentos con seis años de carrera, tengan que plegarse ante un examen selectivo llamado MIR. Luego se convierten en residentes, para después tener un salario denigrante, con la promesa casi siempre incumplida, de tener algún día una plaza fija en el hospital en el que se han formado. Eso sí, lo hacen por vocación.

Pero mis motivos para haber querido ser controlador no se deben al resentimiento de creer que la profesión médica está mal valorada y por supuesto, pésimamente remunerada. Mis motivos se resumen todos en uno: La Pasión. Ver un avión surcar el cielo, desde siempre, hasta hoy mismo, me obliga a torcer el cuello y seguir su estela en todo su recorrido. Y sin querer, pienso que si va por ahí o más arriba, es porque se lo ha dicho un controlador.
Se dice que los controladores son pilotos frustrados. Tal vez haya algo de cierto en ello, pero en mi caso, cuando descubrí la profesión de controlador aéreo, el deseo de ser piloto quedó apartado inmediatamente.

Antes de entrar en la escuela de control se ha de pasar un reconocimiento médico en un lugar llamado CIMA. Recuerdo al médico que supervisó todas las pruebas. Viendo mi profesión, arrojó la cartulina sobre su mesa, donde iba anotando todos los resultados y le dijo a un compañero: "¡Qué mal está la Medicina, para que un médico se tenga que hacer controlador...

Hoy me han vuelto a hacer la misma pregunta. Hacía años que no me pasaba. Esta vez, en lugar de ir a las respuestas tipo, he meditado mi contestación.
No tiene ninguna importancia el hecho de ser médico, ni abogado, ni ingeniero, ni enfermero, ni nada. Cuando descubres algo que de verdad te apasiona, lo sabes. Sientes algo dentro, inexplicable, que sólo quien lo ha vivido, entenderá a qué me refiero. Me recuerda a una escena, que no sé si la vi en el cine, si la leí o simplemente me visitó una noche en mis sueños. En ella un hijo le pregunta a su padre:
- Papá, si algún día me enamoro, ¿cómo sabré si es de verdad?
- No te preocupes. Cuando llegue el momento, lo sabrás.

6 comentarios:

Rafa Bethencourt dijo...

ya veo que la escayola te motiva a escribir y a reflexionar sobre ti mismo!!! bien hecho!!!

Anónimo dijo...

! Hola Mel!
Hace ya unos cuantos años un primo mío con 19 años se vino sólo a Girona a sacar el título de piloto de helicóptero. Después de un par de años estuvo en Canarias - mira tú por dónde - trabajando creo que para el servicio canario de salud, claro está en un helicóptero. Era su vocación pilotar, incluso su familia - me han dicho - pasó algún que otro apuro económico para que su hijo la hiciera realidad. Al final, dejó el trabajo por el salario, las horas y porque España no es un buen mercado laboral en este ramo (no es USA, Brasil, etc.).
Ahora es ingeniero y trabaja en una térmica.
Por cierto, a la pregunta que le hice sobre por qué tenían que pasar los controladores un reconocimiento médico tan duro como el de un piloto si no tenía que llevar un avión. Respuesta: el piloto se preocupa de su avión, el controlador de muchos aviones.
Disculpa el rollo. Un saludo
El padre de Oscar.

academico dijo...

Hola Mel, la verdad es que es poco frecuente que un médico se quiera hacer controlador, jeje.

Por otro lado, lo que comentas de la medicina no es culpa "de la sociedad", que no nos valora, es culpa NUESTRA.

Sólo hay que mirar fuera para ver el prestigio, el respeto, el salario y las condiciones de trabajo de los médicos, y no hablo por hablar, lo he visto directamente, y espero vivirlo el año que viene definitivamente.

Mientras que los enfermeros se lo han currado mejorando sus condiciones, nosotros nos estancamos o peor porque no hay unión entre nosotros, porque en vez de mejorar nuestras condiciones, intentamos ponernos unos encima de otros, y sólo si nos afecta. Así se entiende que los adjuntos nunca estén con el residente cuando está tan maltratado, pues "ellos pasaron por lo mismo" (debe ser síndrome de Estocolmo).

También tenemos una mentalidad española muy nuestra, que llama a quejarse continuamente pero nunca hacer nada para remediarlo porque 1º Ya lo harán otros, 2º Dejo que se mueva otro y que sufra las consecuencias, y yo disfruto de las ventajas.

Aún así, todavía quedan opciones reales de mejorar la situación personal de cada uno: trabajar fuera de España.

No es tontería, seas de donde seas, es casi seguro que tengas que trabajar fuera de tu ciudad, y si alguien de Almería es capaz de irse a Donosti a hacer la especialidad que quiere, también puede hacerlo a Portugal o a Reino Unido, a donde por cierto, llegará antes que atravesando la península de punta a punta... Pero claro, eso requiere un esfuerzo algo mayor, y la gente prefiere tener peores condiciones salariales, sociales y de estabilidad...

melkarr dijo...

Rafa: La escayola es como un ancla que te impide desplazarte, pero la mente es libre. Un abrazo y a recuperarte tú también de esa lesión.

Anónimo padre de Óscar: En absoluto lo que quieras contar aquí es un rollo. Todas las aportaciones son bienvenidas, y yo diría que incluso ¡deseadas! Ya me dirás quién es tu primo. A lo mejor hasta coincidimos volando en Canarias. Un saludo.

Académico: Gran verdad en todo lo que cuentas. Me gustaría poner un pero a lo que dices, pero la verdad es que tienes toda la razón. Acabes donde acabes, te deseo lo mejor en tu vida y en tu profesión. Y como persona mayor que tú, permíteme un pequeño consejo: No te deslumbres por la Medicina, ni por ser médico, porque lo más enriquecedor y lo más importante, no es nada de esto, son tus pacientes.

academico dijo...

Gracias por tu consejo Melkarr.

Yo pienso que si te gusta de verdad la medicina, lo que tienes que hacer es hacer lo mejor por tus pacientes, y no sólo buscar fama o creerte más importante qué.

También ayuda el hecho de que te respeten y que también te estimen.

Te voy a contar una cosa que me llamó mucho la atención cuando estuve de erasmus en Portugal:

Un día estaba haciendo un trabajo para lo que necesitaba historias clínicas, y fui por la tarde-noche. Allí había sólo enfermeros dando vueltas y poco o ningún movimiento de enfermos o familiares.

Una mujer de unos 60 - 70 años, vestida como nuestras mayores "de pueblo" venía por el pasillo, me vio, y me dijo: "buenas noches, señor doctor", sin conocerme de nada (sin haber entrado ni en su habitación) y con el tono de quien te habla con respeto y así como si se alegrase de verme por ahí dando vueltas...

Yo la saludé también, y a su vez me sentí orgulloso de ser pronto médico y poder ayudar a esa gente.

En España se respira una mayor indiferencia (cuando no hostilidad), y aunque uno siempre
intentará hacer lo mejor posible su trabajo, sí que siento que me esforzaría especialmente con esas personas...

Fue una anécdota totalmente trivial, pero para mi fue lo que colmó el vaso, y lo que hizo que decidiese irme a trabajar allí definitivamente.

Por cierto, yo quiero hacer el MIR de allí, pero una de las cosas que también voy a hacer (y tengo ya buenos contactos) es trabajar al mismo tiempo en el INEM (instituto nacional de emergencia médica), del que mi mejor amigo del país va a ser pronto médico de helicóptero en Oporto!

Anónimo dijo...

Es posible ser un gran profesional sin que le apasione su profesión? Podrías preguntárselo a un cocinero, por ejemplo.

Por cierto, aunque hayas cambiado el género del progenitor, he reconocido la escena que has comentado. Es de los primeros capítulos de la quinta temporada de brothers&sisters en la que Sarah Walker tiene una conversación con su adolescente hija (Paige).