jueves, 15 de abril de 2010

Jeroglíficos

Jean-François de Champoillon fue un gran filólogo francés. A los nueve años comenzó a hablar latín, a los trece hebreo y a los catorce árabe. En el s.XIX sorprendió a la sociedad de su época con uno de los descubrimientos más fascinantes otorgados al mundo moderno: El conseguir abrir las puertas de par en par de una civilización misteriosa. Logró gracias a unos grabados hechos en la Piedra de Rosetta, descifrar la hasta entonces intraducible e intrigante escritura egipcia: los jeroglíficos.
En la época actual ya no existen Champoillons que iluminen nuestros caminos y a menudo nos encontramos que en la Medicina nuestras especiales piedras de Rosetta son los familiares de los pacientes que tenemos que explorar.
Con cierta frecuencia al abordar la anamnesis del paciente, nos encontramos escasa ayuda por su parte, voluntaria o inconscientemente, que nos pone la zancadilla a la hora de realizar nuestra investigación en pos del diagnóstico certero.
Por eso ante un paciente poco colaborador, es una bendición tener unos familiares que te aporten la pista clave para resolver el misterio.
Anoche fui a casa de Adolfo. Se trata de un señor de unos 80 años, que desde hacía una media hora tenía un comportamiento anormal, mantenía los ojos cerrados, sentado en su sofá y únicamente los abría cuando profería un grito espeluznante que desde lejos se asemejaba a la sirena de un camión de bomberos. Acompañando a estos estruendos, elevaba ambos brazos como si acabase de marcar un gol, volviendo automáticamente a encogerse de nuevo, hasta que volvía el nuevo ciclo, como una ola que golpea la roca de tanto en tanto.
El primer chillido, por inesperado me sobrecogió y me puso los pelos de punta. A partir del tercero, al saber la cadencia, casi lo esperaba...
Tras una primera exploración del curioso caso, al tratarse de un paciente diabético, se ha descartar una hipoglicemia, ya que la ausencia de glucosa en el cerebro, en ocasiones hace que reaccionen incluso violentamente. Para desgracia del médico, los valores estaban dentro de la normalidad. He ahí donde el detective empieza a dar palos de ciego. Las demás constantes y exploraciónes neurológicas, normales también. La cosa se complica. Se van cerrando las posibilidades. El misterio aumenta. Ya sólo queda nuestra piedra de Rosetta: los familiares.
Por suerte está presente su nieto, de unos 30 años, que por su aspecto y la forma de hablar, parece una persona formada, con estudios y capaz de poder explicarme más cosas. Le pregunto si esto le había sucedido alguna otra vez.
- Sí - me contesta - fue en verano y lo llevaron a L'Hospitalet Cedars Sinai Trauma Center. (Esto ya pinta bien, ya a alguien le tocó dar con el diagnóstico hace seis meses. Ya tengo medio trabajo hecho).
- Ahh (pongo cara seria e interesante, que eso impone respeto y admiración) - ¿Tiene algún informe por aquí? - pregunto a su nieto.
- No, - me contesta - están en casa de mis padres, pero le explico lo que nos dijeron los médicos...
- Sí, sí, cuénteme...
- Pues mire, mi abuelo según me dijeron, tiene las neuronas desgastadas, claro, esto hace como usted sabe, que se le bloquee el cerebro. Por eso es por lo que mi abuelo entra en trance.
Cuando termina de explicarme este curioso fenómeno neurológico-parapsicológico, se abre la puerta y aparece el padre del muchacho, el yerno del paciente.
- Es porque tiene las neuronas desgastadas y entra en trance - me repite el muchacho, por si no me había quedado claro.
- ...Y se le bloquea el cerebro... - le apunta mi enfermero.
Su padre mira la escena con reprobación, se dirige a mí y se acerca de tal manera que el aroma de sus whiskies y carajillos que trae puestos, los comparte generosamente con mi pituitaria.
- Mire doctor - interrumpe - lo que le pasa a mi suegro es que tiene las venas de la cabeza obturadas...
Adolfo se hace notar con un nuevo graznido que me hace arquear las cejas, pero esta vez, acompañando a sus brazos en señal de victoria, levanta las dos piernas del suelo y las estira, formando una V con sus extremidades superiores.
En ese momento veo la luz. Ya sé lo que pasa a Adolfo. En realidad está poseído...

2 comentarios:

Ignasi dijo...

En dos paraules: im-presionant!!!
Això de volar et fa tornar boig, Mel. Però m'encantes!!! Una forta abraçada! Ignasi

melkarr dijo...

¡Gràcies, company!
Es una sorpresa que te hayas acercado por aquí, no te invito para que vuelvas cuando quieras, porque esta es tu casa.

Un abrazo