jueves, 5 de enero de 2012

La carta de los Reyes Magos


Hace unos días estuvimos todos en Tenerife. Fuimos toda la familia de viaje a pasar el fin de año. Arramblamos nuestros bártulos, tomamos posesión del avión que en un momento hicimos nuestro y nos plantamos allí.
Una de esas noches, acostamos a los niños y hablamos un momento, lo justo para que no te enreden y estés hablando de cuestiones filosóficas inconclusas que se alarguen toda la noche.
Estaba arropando a Marta con eso que le dicen embozo, cuando gira su cabeza y me pregunta:

- Papá: ¿Qué es ese aparato?
Sigo la dirección de su mirada y le respondo:
- Es un equipo de música - contesto mientras paso mis dedos por aquel artilugio que tantas horas de música nos dio a todos. Era uno de esos aparatos que en los 70 debió costar un dineral y que traía de todo: tocadiscos, radio AM, FM y reproductor de cintas. A la derecha del tocadiscos están aquellos botones famosos de otros tiempos, llamados play, rec, ffwd, rwd, stop y eject. Presiono este último, se oye un ¡clac! y se abre una tapa.
Marta abre su boca un poco más que sus ojos ante un espectáculo absolutamente desconocido para ella.
- ¿Sabes para qué es esto? - pregunta típica de padre que desea ejercer como tal, antes de que llegue el fatídico día en que el mito se desmorone.
Marta sacude su cabeza y me contesta que no.
- Pues verás, es para poner las cintas.
En esto, que me asalta una duda y le digo rápidamente:
- Marta, ¿sabes lo que es una cinta?
- Sí, Papá - me responde - antes vi una por aquí.
- Mmm... ¿ah sí? - En ese instante no puedo evitar pensar en aquellas cajitas de plástico de colores, con su banda magnética enrollada en su interior, que enrollábamos con un lápiz a través. No había otra manera de copiar música, mas que grabándola en su interior. Las cintas fueron unos pequeños y maravillosos objetos, que nos acompañaron durante más años que cualquier otro cachivache en nuestras vidas.
Marta interrumpió mis melancólicos pensamientos, diciéndome:
- Sí, Papá, por aquí estaba una cinta de esas de colores, de las que yo uso para marcar los libros.
- ¿De las de hacer lazos en el pelo? - pregunto resignado.
- Sí, Papá, de ésas.

Después de esto, me vi incapaz de explicarle qué era una cinta de cassette, para qué servía y lo más difícil todavía, hacerle ver que existían millones y millones de ellas y que estaban en cada casa, en cada coche y que dentro de cada walkman. Puff, pero ¿qué es un walkman?
Como mi mundo ha cambiado tanto con respecto al suyo, tengo pensado para estos Reyes, que le dejen unos regalos originales que le mantengan con la boca y los ojos bien abiertos. He aquí mi lista:

- Un televisor para su cuarto. De esos llenos de palancas que se mueven de un lado a otro, que ponen volume, balance, brightness y colour. Doce botones enumerados del 1 al 11, porque el último pone AV, que a ciencia cierta no sé ni lo que significa, ni para qué sirve. Ni éste ni los otros diez, ya que sólo se podrá ver un canal, el 1. Es un invento genial, ya que te evita estar decidiendo qué ver.

- Un aparato que lo conectas a la televisión. Se llama Spectrum. Aunque tarda más de 10 minutos en cargar cada juego,  y a veces al llegar al final se apaga de nuevo, tendrá aseguradas horas de diversión con un pequeño altavoz interior y una pantalla de 8 colores. Los juegos están grabados en cintas, eso sí, las de verdad.

- Las tardes de sábado y las fiestas de cumpleaños no volverán a ser las mismas cuando abra el regalo que contenga el Cine-Exín. A base de girar una manivela roja de forma incansable, podrá proyectar en la pared de casa, películas de Disney de una duración no superior a dos minutos. Si le da a la manivela roja más despacio, lógicamente, podrá convertir esos minutos, en tres, cuatro o en los que quiera. Será la envidia de sus amigos. 

- Y para amenizar tan inolvidable velada, pondremos en la mesa para que lo puedan disfrutar todos los niños, unos sobres de caramelitos con unos dibujos de astronauta por fuera, que se llaman Peta-Zetas, que dan saltos en la lengua cuando se mojan con la saliva. Unos bizcochitos de chocolate llamados Cropán que tienen unas pegatinas dentro, unas magdalenas pequeñas llamadas Boronitas y para reogarlo todo, nada como unos deliciosos refrescos de naranja que prepararemos a base de mezclar agua y polvos, llamado Tang.

- Para tener un recuerdo de esas fiestas para siempre, no hay nada mejor que una cámara de fotos que sólo pueda hacer 36 fotos. Hay que elegir bien, porque el número de 36 es improrrogable. Cuando las hayas terminado todas, sólo hay que tener en cuenta una cosa: tienes que abrir la tapa con cuidado para que no se estropeen y sacar un cilindro de dentro, llamado carrete. Pero la diversión y la intriga no acaba aquí; hay que llevar ese carrete a una tienda fotográfica para que te den las fotos. Con suerte y si no puede la emoción contigo, las podrás ver al día siguiente.

Si Sus Majestades los Reyes de Oriente atienden mis súplicas, Marta, te prometo que los regalos de este año, serán algo que no conseguirás olvidar nunca.

2 comentarios:

PortoCalem dijo...

Petazetas sigue habiendo, de hecho, yo mismo anoche me tomé uno. xD

Y anda que la alegría que daba por ejemplo cuando tenías 36 fotos, pero luego de sorpresa el carrete te regalaba otras 2 ó 3 extra... eh? xD

Y no soy tan viejo, que tengo 27 años jaja.

melkarr dijo...

Esto de las petazetas me tranquiliza. Mi mundo no ha cambiado tanto... La cosa no es tan grave como imaginaba.