Un buen día, guiado no sé por qué, empecé a escribir este blog. Pedí consejo a una amiga, celebérrima referencia en el mundo de la blogosfera, que me animó y de la que soy asiduo lector. Aquel día que tecleé mis primeras líneas, no sabía bien a dónde me iba a conducir, pero para mi sorpresa, fueron apareciendo artículo tras artículo, hasta ver cómo transcurrió un año, desde que comencé a emborronar los folios del ciberespacio.
Para celebrarlo quiero compartir estos bombones con los más fieles seguidores, que me piden que no tarde tanto entre post y post, con todos aquéllos que se asoman por aquí de vez en cuando, con los que lo han hecho alguna vez y no repitieron, con los que están por venir y por los que no lo harán nunca.
Desprendido como soy, dotado como estoy de esta naturaleza generosa, un manjar de dioses como es el chocolate, lo considero un buen regalo para compartir y agradecer que se me lea, tanto si es entre líneas o de forma rápida.
Sea como sea, soy una persona agradecida, con independencia del grado de fidelidad de mis lectores, aunque me encantaría que todo el mundo fuese como el amigo Pulgarín, figura imprescindible en este blog, que juro y perjuro que existe, que es un personaje real, además de ser un gran compañero de trabajo.
En este año que ha pasado, hemos compartido muchos momentos importantes: La tensa espera de un padre de familia numerosa, con nervios de principiante. La llegada de la deseada hija, la marcha de un ser querido, la alegría de las glorias deportivas, o el honor de haber conocido a un héroe de verdad.
El poder contar tantas cosas, ha sido una felicidad inmensa que sólo descubre el que se ha aventurado a escribir. Esto te permite que los demás te conozcan mejor. Ahora todo el mundo sabe que soy una persona de buenos propósitos: Por poner un ejemplo que ilustra esto, de mi lista de cosas que hacer antes de tener los cuarenta, como es obvio, una vez los cumplí, no logré hacer ninguna. Además, ya no puedo ocultar más, que tengo un físico que necesita de pocos arreglos y una fortaleza envidiable, o incluso, por si alguien lo desconocía, que siempre he sido un seductor nato.
Pero si he de ser sincero, no ha sido fácil. En muchas ocasiones la inspiración me ha sido esquiva, teniendo que recurrir a menudo de las experiencias de otros y si no, no hay nada más recurrente que hablar de alguno de tus hijos: Tiri, Marta, Guille o Clara, que siempre te pueden sacar del atolladero literario.
De todas formas, aunque mi trabajo de vez en cuando me proporciona anécdotas para rellenar este espacio, no pensé que fuese capaz de alcanzar un año de escritura, publicando artículos prácticamente de forma ininterrumpida.
Hasta incluso me he atrevido con un segundo blog, ése tan nostálgico y cursi, que subo cada miércoles, por si fuese poco el trabajo que supone gestionar uno solo.
Pero todo esto no tendría el mismo significado, si no existieras tú. Tú, que eres esa persona que está en cualquier lugar. Tú eres uno de esos puntitos rojos del mapa, que abres mi página en cualquier momento del día y que haces que todo esto sea mágico y tenga sentido. Cuando apareces, siento cómo me coges de la mano, que me persigues por las palabras, conformando cada una de mis líneas. Me alegra mucho que estemos juntos. Te prometo que viviremos muchas más historias. Gracias por venir conmigo y haberme acompañado todo este tiempo.
